Nicholas Wacks

Team

Nicholas Wacks team

Un taller chico, tres oficios que se cruzan

Quiénes somos Detrás de Nicholas Wacks hay un equipo reducido que trabaja entre Asunción y Buenos Aires. No hay departamentos separados ni intermediarios: la misma persona que dibuja una portada entinta la plancha y revisa la prueba de color antes de que salga de la prensa.

Para quién trabajamos Editoriales independientes, revistas culturales, sellos discográficos y ferias de arte que necesitan una voz gráfica con criterio propio. Preferimos encargos donde podamos leer el texto, discutir el tono y ajustar la pieza hasta que la tinta y el papel digan lo mismo que la imagen.

Cómo nos organizamos El trabajo se reparte alrededor de tres mesas: la de dibujo, la prensa y la mesa de pruebas. Los roles se mueven según el encargo, así que un proyecto editorial puede empezar en bocetos de cuaderno y terminar con la dirección de arte de una serie completa de tapas o carteles.

Nuestro tono Sobrio y matérico. Papel crema, tinta negra y un acento bermellón que aparece solo cuando hace falta. Tipografía serif de catálogo con detalles manuscritos, sin adornos que no aguanten una impresión real.

Ritmo de producción Aceptamos encargos por temporada y exposiciones puntuales. Los tiempos de entrega se acuerdan según la complejidad de cada pieza y el tipo de impresión, y quedan anotados en la ficha de taller junto a los materiales usados.

Etapas del taller, de la mesa de dibujo a la prensa

Cada encargo deja un rastro de fechas, pruebas y ajustes. Esta cronología resume cómo se fue armando el estudio entre Asunción y Buenos Aires: los primeros cuadernos de bocetos, la llegada de la prensa de linóleo, la incorporación del trabajo serigráfico y el modo en que hoy se reparten ilustración, grabado y dirección de arte dentro del taller.

Los tiempos de entrega se acuerdan por temporada, según la complejidad de cada pieza y la disponibilidad de originales.

2016 · Los primeros cuadernos

Nicholas empieza a dibujar de forma sistemática en cuadernos de tapas duras, con tinta negra y lápiz graso. Son bocetos sueltos, sin destino editorial, que después se convierten en el archivo de motivos que todavía hoy reaparece en portadas y estampas. En esa etapa el taller es una mesa junto a una ventana, y el trabajo se sostiene con encargos chicos para revistas culturales.

2018 · La prensa de linóleo entra al taller

Llega la primera prensa de grabado y con ella el linóleo deja de ser un experimento. Se empiezan a entintar planchas de forma regular, a probar papeles de distintos gramajes y a registrar cada tirada en una libreta de taller. De esa época quedan series cortas de estampas que se vendían en ferias de arte y que hoy forman parte del catálogo de originales disponibles.

2020 · Serigrafía y carteles de música

El trabajo con sellos discográficos independientes abre la puerta a la serigrafía a dos tintas. Aparecen los primeros afiches de conciertos, con tipografía serif de catálogo y trazos manuscritos, impresos a mano sobre papel de 240 gramos. Cada cartel se piensa como una tirada corta con variaciones de registro, de modo que ninguna estampa queda idéntica a otra.

2022 · Dirección de arte para ferias y editoriales

El estudio empieza a acompañar proyectos completos: no solo la imagen de tapa, también la retícula, la señalética de sala y el cuadernillo de notas para expositores. La dirección de arte se vuelve una parte del oficio tan concreta como el entintado, y obliga a coordinar talleres locales para que cada pieza se imprima sin perder coherencia entre Asunción y Buenos Aires.

2024 · Un equipo reducido y un ritmo por temporada

Hoy el taller funciona con un equipo chico que combina ilustración editorial, grabado en linóleo y dirección de arte. Los roles se cruzan según el encargo: la mesa de dibujo define el boceto, la prensa resuelve la prueba y la mesa de color ajusta tinta y papel antes del cierre. La producción se organiza por temporada, con exposiciones puntuales y encargos editoriales que se agendan con antelación.

Del cuaderno a la prensa: cómo se armó este taller

La historia de Nicholas Wacks no empieza con un estudio grande, sino con una mesa de dibujo prestada, una prensa de segunda mano y encargos chicos que fueron marcando el rumbo. Lo que hoy es un taller de ilustración editorial, grabado en linóleo y dirección de arte se construyó a pulso, temporada por temporada, entre Asunción y Buenos Aires.

Primeros encargos

Ilustración para revistas culturales

Los primeros trabajos pagos llegaron de revistas culturales que necesitaban imágenes para notas de arte y ensayo. Eran pocas páginas, plazos cortos y presupuesto ajustado, pero ahí se definió una manera de trabajar: leer el texto completo antes de bocetar, probar en cuaderno y recién después pasar a tinta. Esa rutina sigue igual, aunque hoy los encargos sean portadas completas.

El giro hacia el grabado

Linóleo, gubias y pruebas de taller

El interés por el grabado en linóleo apareció como una necesidad de controlar la textura de la tinta. La impresión digital resolvía la entrega rápida, pero no el grano ni la irregularidad del papel. Con la prensa manual se empezó a producir series cortas de estampas originales, con variaciones de registro que hacen que ninguna copia sea idéntica a otra. De ahí salieron las primeras estampas disponibles para venta directa.

Serigrafía y cartelismo

Carteles para sellos discográficos

Un sello discográfico independiente pidió afiches para un ciclo de conciertos y el taller se abrió a la serigrafía artística. Aprender a tensar la malla, mezclar tintas y calcular tiempos de secado cambió la forma de encarar los proyectos gráficos. Desde entonces los carteles se imprimen a mano, en tiradas cortas, con tipografía serif de catálogo y anotaciones manuscritas que quedan visibles en la pieza final.

Dirección de arte

Acompañar cada proyecto de principio a fin

Con el tiempo, editoriales y ferias empezaron a pedir algo más que una ilustración suelta: querían un criterio que sostuviera toda la identidad. Así entró la dirección de arte como parte del trabajo, desde la primera maqueta hasta el ajuste final de tinta y papel. Se definen paletas, retículas y repertorios de motivos grabados que después se replican en catálogo, señalética y credenciales sin perder coherencia entre piezas.

Dos ciudades, un mismo oficio

Asunción y Buenos Aires como base operativa

Operar entre Asunción y Buenos Aires obligó a ordenar la logística: qué se imprime en cada taller, cómo viajan las pruebas de color y cuánto margen real necesita un encargo según su complejidad. Esa distancia también amplió la red de colegas, imprenteros y ferias con las que se trabaja. Hoy el taller acepta encargos por temporada y exposiciones puntuales, con tiempos de entrega acordados caso por caso.

Cada etapa dejó materiales: cuadernos de bocetos, planchas gastadas, pruebas descartadas y notas de taller sobre papeles y tintas. Ese archivo es, en el fondo, la memoria del estudio y la razón por la que cada encargo nuevo arranca con una pregunta simple: qué historia necesita contar esta imagen.

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